Pensión de la Martinica, reliquia del viejo Puerto,
guarida de malandrines, y gente del estraperlo,
niñas de cara bonita, y transnochantes flamencos,
bajo la luz mortesina, del faro, del faro puso un letrero.
La Madame una tal Rita, de ojos verdes y hechizeros,
aquí se venden las almas, y están a mitad de precio,
y la última palabra, la tengo yo marinero,
aquí se venden las almas, y el precio, y el precio se dice luego.
Pensión de la Martinica, tugorio del viejo Puerto,
su Madame pelo pintao, con voz de acento extranjero.
En la Martinica era, en los marinos el deseo,
en las noches confidentes de los aventureros.
Hembra de arrojo y agallas, sin precio para el dinero,
que nadie nunca le dijo, después de amarla un te quiero.
Pensión de la Martinica, leyenda viva del Puerto,
que fue de aquella Madame, de dulce acento extranjero,
anclá en sus viejas paredes, dejó Rita su misterio,
entre salistre y alcohol, apenas se ve un letrero,
aquí se venden las almas, y están a mitad de precio,
y la última palabra, la tengo yo marinero,
aquí se venden las almas, y el precio, y el precio se dice luego.
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